martes, 2 de octubre de 2012

La importancia de la Predicación Apocalíptica para la Iglesia

Por:

 Juan David Fuentes
 Estudiante de Teología
 Universidad Adventista de Chile
  jd1012@gmail.com



La literatura apocalíptica, en este caso Daniel y Apocalipsis, son libros altamente simbólicos, difíciles de entender, a simple vista del lector y también para la mayoría de la gente estos libros producen miedo o temor y por lo mismo no son estudiados adecuadamente. Pero para entender la biblia y comprender su contenido es necesario conectar las profecías con las demás partes de la biblia, la historia que contiene y la historia secular;  y con ello entender el gran conflicto que es el tema que abarca toda La Escritura. Como iglesia tenemos que saber unir estos dos conceptos, porque nuestra misión está enfocada en la profecía del tercer Ángel, y el  llamado a la iglesia es para realizarlo en un acontecer histórico.
Cuando hablamos de Daniel, específicamente los capítulos de las 4 visiones (7-12), en esta sección encontramos profecías de suma importancia y que están relacionados íntimamente con el acontecer histórico del pasado, presente y futuro de la historia de la iglesia cristiana, pero nunca dejando de lado la historia secular. En los capítulos 7 y 8 de Daniel se dan las características de los grandes imperios ya mencionados en el capítulo dos, de la estatua, el sueño dado a Nabucodonosor, pero entre medio de las características de los imperios se menciona el juicio de Dios, no como algo externo a los grandes imperios, sino que un juicio en contra de ellos, de intervención divina para usar estas fuerzas seculares para sus propósitos en un carácter soberano, o al contrario de castigar al opresor y liberar a los hijos de Dios.
Cuando entendemos a Daniel, entendemos la historia de la humanidad, pero bajo la soberanía divina, y  con la futura intervención divina encarnada, en la profecía de las 70 semanas; luego cuando vemos los evangelios deducimos que lo escrito por los profetas se hace real en la persona divina de Cristo en un acontecer histórico temporal, como fueron todas las profecías de carácter clásico o apocalíptico. Cuando vemos el acontecimiento del derramamiento del Espíritu Santo en la tierra, en Hechos 2,  vemos la historia de la iglesia fundada por Cristo,  administrada por los apóstoles, y esto marca un nuevo comienzo al acontecer histórico, porque la religión de Cristo se torna universal, y esto con la intervención en la historia de la humanidad del Espíritu Santo de forma constante, que es enviado por Cristo y el Padre. Y cuando observamos el Apocalipsis vemos el mensaje para 7 iglesias, y estas no representan a los judíos, sino representa a los hijos de Dios (gentiles) que salieron del mundo, que fue intervenido por Cristo. Pero también observamos todo el acontecer histórico de la humanidad entre la lucha del bien y el mal, se abre el tema de la adoración que involucra todos los hombres, porque cada uno de ellos decide qué camino tomar. En el Apocalipsis lo dicho antes se hace real, pero también se espera una nueva intervención mesiánica en el contexto de la Segunda Venida de Cristo y el juicio final que no solo involucra a los hijos de Dios, sino al mundo entero, y se cumple lo dicho en Daniel sobre la piedra que viene, destruye la estatua e interviene en la historia, pero esta intervención de Dios que es de forma directa no está condicionada a la decisión de las personas que quieren elegirlo o no, porque la fecha y la hora está fijada para el  regreso del Señor y nadie la podrá cambiar (solo Dios lo sabe), por ello la historia no está ajena a la profecía, ni la profecía de la historia.
Dios que es eterno, creo, no solo el universo y todo lo que hay en el, sino que Él creo el tiempo en cual en primera instancia fue hecho eterno, que con la caída del hombre se extendió este tiempo eterno a uno temporal, por lo tanto, Dios el eterno se hizo hombre, es decir temporal, para de nuevo unir lo temporal con lo eterno. Las profecías y su cumplimiento en la historia es la intervención en lo temporal para que llegue a ser eterno y continuar con la historia que Dios tenía en mente desde los inicios.
La predicación apocalíptica es importante para el tiempo en que vivimos, por ello es de suma urgencia que la iglesia recuerde su identidad, saber y proclamar el mensaje del Apocalipsis.
Jesús fue y es el mejor predicador de la historia, para proclamar el mensaje de salvación y establecer las bases de misión en la iglesia. En este caso Dios,  intervino en la historia para así cumplir la profecía e intervenir en lo temporal de la historia y con este hecho Israel fue rechazado y el mensaje de predicar el evangelio de Cristo fue dejado no a una nación sino que a la iglesia,[1] que el mismo fundo y administraron los apóstoles en primera instancia. Con este argumento la base bíblica se limita para la proclamación de un mensaje profético como el Señor lo hizo en mateo 24, y la misión que el dejo a sus discípulos y por consecuencia a la iglesia.




[1] Karl Löwith, El Sentido de la Historia (Madrid: Ediciones Aguilar S.A, 1968.), 262.

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